Y la Semana Santa se acabó y la vuelta a casa como siempre, te pegas 600 kilómetros y, no puede ser de otra forma: un montón de retenciones y atascos. La foto muestra uno de tantos que nos encontramos en la A6. Si es que el ser humano es increible, todo el mundo se pone de acuerdo para salir a la misma hora. Madrid tiene que haber quedado vacío en esta Semana Santa.
Todo iba estupendamente, hasta que la densidad del tráfico aumenta y de repente, ves luces de emergencia que se encienden y todo se para. Además, es matemático, el carril en el que yo esté, no se mueve, el otro sí. Por fin el mío se decide a avanzar, el ritmo se incrementa y volvemos a velocidades normales. Estamos a la búsqueda de un coche averiado o accidentado que pueda haber causado que los coches estén a 0 km/h en una autovía de hasta 3 carriles. Sin embargo, nada… hasta el siguiente atasco, la siguiente parada, no se ven los síntomas del parón anterior.
Pero, ¿por qué se forman filas kilométricas de coches sin una causa justificada? Pues ahí van unas cuantas:
- Los frenazos: Al ir en caravana, cuando alguien pega un frenazo, por el motivo que sea, ha creido ver un radar (o un lindo gatito), se ha despistado, se ha aburrido, se le ha cruzado alguien que no ha puesto el intermitente (lástima no tener un arma de fuego en algunos casos), la mujer le dice que va demasiado rápido a 122 km/h y “Pepe, no corras tanto, a ver si nos van a multar otra vez…”
- Los radares: Esos elementos sacacuartos que “por nuestra seguridad”, nos sacan fotos de la parte trasera del coche cuando pasamos por el lado o por debajo (Nota personal: Virgencita, Virgencita que me quede como estoy),… amedrentan al más pensado, y cuando el TomTom avisa que hay un radar a 500 metros, al pasar por él, incluso el que va a menos de 120 frena aún más por si acaso pasando a 80…
- La Guardia Civil: En operaciones retorno masivas, en las que la presencia de la Benemérita debería ayudar a agilizar el tráfico, cuando vemos un coche o moto de policía, es instintivo, frenar o soltar el acelerador, a ver si el guardia se va a cabrear y nos va a multar.
- Los camiones: ¿Cómo puede estar permitido que circulen camiones en operaciones salida y retorno? Incluso a cientos de kilómetros de las grandes ciudades, los camioneros tendrían que tener fiesta esos días.
- Los curiosos: Sea en el propio carril o en el de enfrente, si ha habido el más mínimo toque, roce o accidente descomunal, es lo mismo; el ser humano se para a mirar, a cotillear, a curiosear, a tratar de identificar restos,… en fin, que aparte de las retenciones en el carril propio, la probabilidad de generar más accidentes se incrementa.
- Los “señor@s que conducen por la izquierda a la par que el de la derecha”: Si el carril izquierdo está para adelantar, ¿por hay gente que empieza y no termina de hacerlo? ¿son todos ingleses? Pero es aún el que va por el carril de más a la izquierda despacio, no adelanta a nadie, no lleva a nadie delante… y una cola tremenda detrás!
En fin, paciencia en pastillas, inyecciones y hasta supositorios contra los atascos. Se agradece que además venían los amigos Omar y Vanesa con nosotros amenizando el viaje después de habernos brindado unos días de “vacaciones” más bien gastronómicas, entre el sur de Pontevedra y el norte de Portugal. Muchísmas gracias desde aquí a ambos por lo encantador del trato, la agradable compañía y los buenos momentos vividos.
